Una tarea demasiado bien hecha

Por Geppetto

Mi sobrina me llevó su tarea para que la revisara. Se trataba de explicar por qué le gustaba vivir en su colonia. El primer párrafo hablaba de la riqueza del tejido comunitario. El segundo celebraba la convivencia intergeneracional. En el tercero ya andaba yo buscando dónde me había inscrito a aquel diplomado.

—¿Y a ti qué te gusta de tu colonia? —le pregunté.

—Que el señor de la tienda me fía una paleta cuando se me olvida el dinero.

Eso sí lo entendí. Le pregunté por qué no lo había puesto. Dijo que la inteligencia artificial le había hecho una versión más elegante.

Hay herramientas que ayudan mucho a escribir. A mí me habría venido bien una en mis años de escuela, sobre todo para descifrar mi propia letra. Pero si una tarea pide mirar lo que tenemos enfrente, conviene que el alumno haga esa parte. Después puede pedir ayuda para ordenar las ideas o corregir las comas. Hasta los adultos necesitamos que alguien nos quite una de vez en cuando.

Mi sobrina rehízo la tarea. Contó que el tendero apuntaba la deuda en una libreta y que ella volvía al día siguiente a pagar. La maestra subrayó esa parte y escribió al margen: «¿Por qué crees que confía en ti?».

La muchacha se quedó pensando. Por lo visto, el señor le había fiado también el tema de la siguiente tarea.