Los Barriqueros de Tepic

Los barriqueros forman parte esencial de la memoria urbana y del patrimonio popular de Tepic, Nayarit. Durante gran parte del siglo XX, antes de que las redes de tuberías y el agua potable entubada llegaran de manera regular a los rincones de la ciudad, estos hombres fueron la columna vertebral del abastecimiento cotidiano en las colonias y barrios más apartados.

A lomo de mula o conduciendo rústicas carretas de dos ruedas —adaptadas a menudo con neumáticos de camión o tractor para soportar el peso—, el barriquero transportaba un enorme tonel de madera o metal sellado y atado con cuerdas. Su jornada comenzaba de madrugada, acudiendo a los manantiales, norias o tomas comunitarias de la periferia (como las zonas cercanas a los ojos de agua o al río Mololoa cuando sus aguas eran limpias) para llenar la barrica hasta el tope.

El sonido de las ruedas crujiendo sobre los empedrados, el andar pausado del animal y el clásico pregón del barriquero marcaban el inicio del día para muchas familias tepicenses. Al llegar a las colonias, descargaban el agua a cubetas, botes de lámina o latas alcoholeras para llenar las pilas, tinajas y cántaros de barro de los hogares. Con esa agua se cocinaba, se lavaba la ropa y se abastecían las necesidades esenciales de la casa.

Más allá de su servicio indispensable, el barriquero era una figura entrañable: conocía a cada vecino por su nombre, fiaba el viaje en tiempos difíciles y servía como mensajero informal entre un barrio y otro. Con la modernización de los servicios públicos y la instalación de tomas domiciliarias a partir de la segunda mitad del siglo XX, el oficio fue desapareciendo gradualmente de las calles de la capital nayarita, pero su imagen —hombre de sombrero de paja, mula y barrica— quedó grabada como un símbolo imborrable del esfuerzo, la sencillez y la historia de Tepic.